Juan Carlos Cabezas
¿Puede haber algo más insondable que el espacio debajo de una cama?, es un territorio desahuciado de la luz donde la obscuridad se funde con el vacío. A esa profundidad abismal repleta de arañas y ciempiés descendí un día (¿o era de noche?) armado tan solo de una vela.
La misión no era sencilla; buscaba en las ruinas del mueble señorial que perteneció a mi abuelo cualquier detalle que me permitiera elevar su costo en una venta. Es preciso aclarar que este objeto no es de mi propiedad, sin embargo lo voy a vender, como a cualquier otro hallazgo valioso de la mansión familiar.
Cuento solo con dos dólares en los bolsillos, que tintinean de vez en cuando su soledad. Hoy desayuné un guineo pecosísimo y una infusión amarillo pálida, por lo que mientras investigaba el desvencijado mueble, mis tripas aullaban miserables.
Aquí, en la casa del abuelo, soy el único inquilino y esa es una de las pocas ventajas de mi situación actual, pues a nadie debo explicarle que hago entre fierros viejos y maderas apolilladas.
Mi última mujer me confesó que no me quería mientras me afeitaba en la ducha. Lo hizo a través de la cortina de plástico: “Leonardo es hora que te vayas; tú no eres feliz, ni lo soy yo contigo: toma tus cosas y ándate”, recuerdo con absoluta certeza sus palabras. Pilar, mi primera esposa, tuvo al menos la decencia de irse sin decir una sola palabra; simplemente agarró un bus y aotracosamariposa.
Ante la sucesión de desajustes maritales, mi padre me sugirió que ocupara esta vivienda y acepté. Eso sí, jamás habló de un trabajo o de una renta, por lo que pronto la falta de dinero me condujo a la desesperación, de ahí a la búsqueda de objetos ajenos tan solo hay un paso.
Levanté cada alfombra, busque debajo de todo cuadro, pero nada ni una sola joya; resignado dirigí mis energías a la cama del viejo.
Después de mi aventura por esa fosa oscurísima, me erguí frente al mueble, mientras en mi cabello algo se movía. Me sacudí la cabeza y cayó una diminuta araña que se ocultó en una funda de almohada, me disponía a enviarla al cielo de las arañas, cuando con la punta de los dedos topé lo que parecía ser un sobre.
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Genres: Science Fiction
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Created on: 7/10/12 4:56 PM
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